Toni Sánchez, el pintor de texturas brillantes y personajes importantes

Por Patricia Morales Betancourt

Es sorprendente como se respira tanto talento en la ciudad de Montreal. Toni Sánchez, un hombre sencillo y de gran talento, nos mostró sus pinturas.

Comenzó a pintar cuando estaba en la escuela. Dibujaba sobre papel los superhéroes de su época y los vendía a sus compañeros de clase. La primera pintura que le afirmó como artista fue cuando le regalaron un color verde que utilizó para dibujar la cabeza de Cristo. A partir de ese día continuó pintando sin parar. Pintor rebelde, autodidacta, de mirada ingenua, tierna y feroz a la vez, observa sus lienzos terminados y afirma que su mayor inspiración es el cuerpo humano, seguidamente de los paisajes, y de los animales salvajes.

Ama la belleza femenina y la cubre con plástico o con metal porque es la manera de manifestar su fuerza y el galanteo de los personajes que quisiera acariciar. Acentúa los brazos, las piernas cubiertas de mantas con pliegues, plástico o metal que denotan la personalidad del individuo y los asimila con la corteza de los árboles. Quiere que el espectador vea a partir de sus ojos. Mostrar el sentimiento, la realidad, la belleza como él la ve. Se siente privilegiado al transcribir para otros la imagen de un cuerpo humano.

Cuando pinta sólo existe lo que ve.  Su mente está ahí, la soledad lo acompaña, la concentración lo invade, es algo íntimo, una relación personal con la creación. El pinta lo que siente dentro de su alma, expresa sus sentimientos, un clímax. Sólo despierta cuando viene el comprador. Nuevamente la felicidad le inunda, no niega que siente un poco de nostalgia, como si algo de él se fuera para no volver, pero ama más que su obra se extienda y que otros la puedan disfrutar.

El utiliza el óleo porque es una técnica que se deja manipular, que da tiempo para degradar colores, dar nuevas formas; una técnica que lo espera, contrario a la acuarela y el acrílico que secan instantáneamente y al pastel que se ensucia y se va perdiendo con el tiempo. Hace más de 40 años que siente lo mismo.

Pinta personajes importantes porque son poderosos, fuertes, históricos, por que dejan huella, por que aportan al mundo, los tiempos en que vivieron. Los zapatos y los pies le seducen porque es la base del cuerpo, son las columnas que se desplazan y que al dejar de caminar se arraigan sobre la tierra. Él quiere mostrar el poder, la sensualidad, el erotismo y la magnitud del misterio de lo onírico. Sólo quiere pintar vida. Sus personajes tienen que hablarle y crear una relación directa con él, a solas, ante el desafío, de poder ser parte de su historia. Lo que más ama de su trabajo es cuando lo termina. Se siente satisfecho.

Toni, un hombre solitario. Explica que la soledad es indispensable para crear, un instante que no se puede compartir con nadie.

Agradece vivir en la ciudad de Montreal porque es una amalgama de culturas y de espacios, contemporáneos e históricos, que se funden. De boca en boca, se hace conocer como el artista de las mujeres vestidas con plástico, transparencias que le permiten acariciarlas con su mirada y con armaduras para protegerlas y dejar que la imaginación las recorra todas. Sin dejar de lado personajes famosos que marcan la historia por su aportes, seguirá pintado para dejar como legado su impronta.

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